Trío
contra la droga. Alejandro Keleris Bucarito, presidente de la Oficina
Nacional Antidrogas (ONA), Miguel Rodríguez Torres, ministro para
Relaciones del Interior, Justicia y Paz, y Rubén Dario Molina,
Relaciones Multilaterales de la Cancillería.
El primer paso lo dio Venezuela, seguida por
Bolivia, porque los resultados eran muy pobres y la injerencia en
política interna mucha, hoy los resultados invitan a construir una
herramienta común a partir de Unasur.
La lucha contra las mafias del narcotráfico ha sido uno de los temas
de envergadura dentro de la región. Los países de la Patria Grande
resistentes a la hegemonía imperialista trabajan en la consolidación de
mecanismos independientes y soberanos. La República Bolivariana de
Venezuela ha avanzado considerablemente en esta materia haciendo un
llamado de “urgencia o los miembros de la Unión de Naciones
Suramericanas (Unasur), a crear una política autónoma para frenar el
flagelo de las drogas” sin intervención de organismos de apéndice
norteamericana.
Desde 2005, año en que el Departamento Antidroga de Estados Unidos (DEA
por sus siglas en inglés) fue expulsado de Venezuela por el entonces
presidente de la República Hugo Chávez, los logros contra el
narcotráfico en el país han crecido de forma vertiginosa. Actualmente,
presentan cifras y logros de gran envergadura que demuestran los avances
que tienen los caribeños contra el delito transnacional.
Hecho desmentido, por obviedad, desde la Casa Blanca, que coloca a
Venezuela dentro de su lista negra, ubicando al país entre los 22
principales productores con libre tránsito de drogas en el mundo; dicha
lista fue divulgada en septiembre de 2011 y sostenida a la fecha de hoy.
Otro de los países de su preferencia para señalamientos dentro de la
“lista negra” es Bolivia, sosteniendo que ambas naciones son un “fracaso
ostensible” en el cumplimiento de las obligaciones a las que se
comprometieron según acuerdos internacionales antidroga. Las autoridades
de estos países calificaron como una opinión “politizada” debido a la
decisión de suspender la “colaboración con el Departamento Antidroga de
Estados Unidos” (DEA). Este intento de descredito no ha vulnerado los
compromisos internacionales adquiridos para frenar el flujo de drogas de
los países del Sur a los consumidores del Norte.
Chávez: “Yanqui go home”. La DEA, con oficinas en Caracas
dentro de la propia sede de la Oficina Nacional Antidroga venezolana
(ONA), con fácil acceso a todo tipo de información interna y control
aéreo del eje Colombia/Venezuela/Estados Unidos, catapulta por
excelencia del tránsito de cocaína de fábrica colombiana a clientela
consumidora estadounidense, con un índice de capturas escaso y ojo visor
satelital de dos radares controlados por Estados Unidos desde Puerto
Rico, pusieron un alerta al gobierno bolivariano, “mucho cacique para
poco indio” sugiere un refranero venezolano.
El comandante y ex presidente de la República Bolivariana de Venezuela,
Hugo Chávez, los acusó de “apoyar al narcotráfico” en su país y de
“hacer inteligencia contra el gobierno”, por lo que Caracas decidió
“hacer un claro rompimiento” con los acuerdos que mantiene con la
agencia. De igual manera, se sostuvo que a través de la DEA “salía del
país una gran cantidad de kilos de droga, por medio de la figura de
entrega vigilada, y nunca se obtenía información en el país y por tanto
determinamos que estábamos en presencia de un nuevo cartel de la droga”,
puntualizó el comandante Chávez. Daba un claro detalle sobre los pactos
ejercidos entre la DEA y las grandes mafias colombianas, cuando se les
otorgó inmunidad en todo proceso judicial, en cambio de información de
carteles rivales a los designios estadounidenses. Fue entonces, un 8
agosto de 2005, cuando el gobierno venezolano puso fin a la colaboración
con la DEA.
Allí estalló la lluvia de informes, palomas mensajeras yanquis con
señalamientos ofensivos, catalogando al territorio venezolano como cuna
cómplice de las autoridades del negocio ilícito de psicotrópicos,
convirtiendo el flagelo en un atentado político, eco de infamias y
acusaciones. La ruptura con la DEA no aísla a Venezuela de la lucha
antidroga ya que, por una parte, dicho país mantiene en ese campo más de
50 acuerdos internacionales con 37 naciones, siendo su enfoque los
países que consolidan la unidad de todas las naciones al sur del Río
Bravo, como lo son el ALBA, la Celac y la Unasur.
Sin embargo, las colaboraciones con Estados Unidos no se han cerrado,
ejemplo de ello fue el operativo dirigido por funcionarios venezolanos
en el que se realizaron más de 13 mil detenciones relacionadas con el
narcotráfico, capturando a 17 líderes narcotraficantes solicitados por
Interpol, quienes fueron deportados a Estados Unidos, Colombia y los
Países Bajos.
Los números no mienten. Según datos demostrados por la
Organización de las Naciones Unidas, se comprueba el fracaso de la lucha
antidroga que han tenido los grandes imperios: el consumo de narcóticos
entre los años 1998 y 2010 aumentó un 30%. Abiertamente, el
narcotráfico y el crimen organizado son una de las veinte primeras
economías más importantes en el mundo, viendo su representación en casi
un 4% del Producto Interno Bruto mundial. Las bases militares yanquis y
su militarización en el continente han sido prueba del incremento del
narcotráfico, así es el caso de la próspera y evidente producción de
droga en Afganistán y Colombia, países aliados y acunados por Estados
Unidos.
Ante estos números, el gobierno venezolano ha buscado la manera de
afinar con mano dura la incidencia del narcotráfico dentro de la región,
por ser su espacio aéreo vehículo directo al mayor consumidor del
mundo. Esfuerzo avalado por la ONU, quien cita a Venezuela como uno de
los primeros países con los mejores resultados en la lucha antidroga,
ratificando al país caribeño, por sexto año consecutivo, como nación
libre de cultivos ilícitos de narcóticos.
En los últimos dos años, según datos oficiales, se ha logrado destruir
un total de 247 pistas clandestinas utilizadas por las mafias del
narcotráfico para ingresar, a través de vuelos ilegales, cantidades
importantes de drogas, que han sido incautadas por las autoridades
venezolanas. Este refuerzo en el poderío defensivo antiaéreo, se alcanzó
debido a la suspensión de radares norteamericanos y obtención de
tecnología China que les permite el control total del espacio aéreo de
manera independiente y soberana.
El Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional
Bolivariana (Ceofanb), Vladimir Padrino López, expuso que las
detenciones que localizaron con radares estadounidenses “se mantuvieron
siempre por debajo de los 60 vuelos al año. En el año 1995 apenas se
detectaron 8 vuelos que violaban el espacio aéreo venezolano; en 1996 se
registraron 23 vuelos; en 1997 sólo 7 vuelos; en 1998 volaron 33
aeronaves; en 1999 fueron 58; en el 2000 un total de 22; en 2001 volaron
17; en 2002 se detectaron 18; en 2003 fueron 11 los aviones; en 2004
registraron 7 vuelos; en 2005 de nuevo 7, ; en 2006 un total de 21, y en
2007 ningún vuelo, porque el sistema de radares no prestó servicio”,
concluyó el funcionario .
Estos resultados fueron estudiados atentamente en la II Reunión del
Consejo Suramericano sobre el Problema Mundial de las Drogas realizada
en Caracas del 12 al 14 de mayo del presente año, instancia permanente
de la Unasur donde la entidad se permite el estudio, consulta,
cooperación y coordinación para enfrentar la narcopolítica territorial.
Los representantes de los Ministerios de Interior y Justicia,
conjuntamente con las entidades encargadas de la lucha contra el
narcotráfico que integran la Unasur, debatieron sobre la creación de una
entidad suramericana para combatir el flagelo de la droga, desde la que
se promueva la formación de políticas y acciones conjuntas, además de
apoyarse como Patria Grande dentro de las instancias que atienden la
seguridad ciudadana.
Venezuela elevó la propuesta de crear un centro de estudios de Unasur
que integre un observatorio suramericano de inteligencia en drogas.
Además, se hizo un llamado público a avanzar en la búsqueda de acuerdos y
soluciones concretas para hacer frente al tráfico de sustancias
ilícitas, siguiendo, bajo toda costa, el ideario de unidad que sostenía
Hugo Chávez Frías y Néstor Kirchner.
La idea inicial sería formar a las fuerzas de seguridad para la
preservar la integridad territorial y sostener la soberanía de los
estados que conforman el bloque, a fin de contrarrestar las labores de
inteligencia e intromisión que generan los “superagentes” de la DEA. Hay
ejemplos concretos, con balances sostenidos y positivos de los países
donde se tomaron acciones independientes, como Venezuela lo hizo en el
2005 con la expulsión del organismo norteamericano, he hizo lo propio
Bolivia en el 2008. Rafael Correa en Ecuador a mediados del 2009 ordenó
el cierre de la base de Manta, zona de pretexto norteamericano para
controlar el narcotráfico a nivel regional. Estas medidas si bien son
parciales llevan el hilo conductor de generar una política autónoma,
marginando al gobierno de Washington que, para estos países, es el
principal culpable de inocular la narcopolítica en la región.
El ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela,
Miguel Rodríguez Torres, en su alocución de apertura al consejo de la
Unasur sostuvo que “son indispensables los resultados fructíferos a fin
de que se demuestre que en el sur de América hay una voluntad unitaria,
sólida, fuerte y decidida a luchar contra ese problema mundial de las
drogas, para que esta articulación genere respuestas que la sociedad
está esperando en el tema de consumo de drogas, y eso se traduzca en una
reducción del delito en cada uno de nuestros países”.
En el mes de julio se realizará la tercera reunión de dicha
organización, en la que se prevé la presentación de documentos y
trabajos de cada una de las naciones integrantes, así como medidas ya
tomadas de manera autónoma para unificar criterios y atacar el flagelo.
En esa materia, se llevará como primera instancia el debate de la
despenalización del consumo de drogas de parte de Uruguay y Argentina.
Este consejo fue creado en Quito de 2011 con la finalidad de consolidar
con paso firme la integración regional contrarrestando la influencia de
los Estados Unidos en los pueblos del sur. Y por este camino lograr
independizar el combate contra el narcotráfico, teniendo como objetivo
concertar información sobre redes de mafiosos narcos que operen en la
región, y fortalecer la coordinación de unidades de inteligencia
financiera, a fin de combatir con el lavado de activos, trata de
personas y delitos vinculados con la producción y el tráfico de drogas.
Fuente: Infonews